
Lo que hasta hace algo menos de un año parecía ser un simple trecho hacia sus posibilidades presidenciales de 2011, se ha convertido en una carrera de obstáculos para el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. Y es que, sumado a las deficiencias y el desgaste de sus dos años y medio de gestión, el ex presidente boquense se enfrenta a un serio litigio judicial y un punto cúlmine respecto del futuro de su construcción política, que pueden poner en jaque sus posibilidades electorales de cara a 2011.
Hagamos un poco de historia para desmenuzar la encerrona del ex Boca. La negativa del Gobierno Nacional a traspasar competencias y presupuesto a la órbita de la Ciudad y lograr así un poder de policía y una capacidad de implementación de políticas de seguridad propias, obligó a Macri a una jugada arriesgada, frente a lo que había sido el principal eje de la campaña que lo catapultó a Bolívar 1: la seguridad. Así, el Jefe de Gobierno anunció la creación de una Policía Metropolitana – de la cual poco se sabía y se sabe todavía hoy, en relación a sus competencias, concurrencias y articulación con la Federal, etc.- que no tardó en generar polémica. La presentación en la Justicia de numerosas denuncias que planteaban la existencia de una red de escuchas telefónicas y espionaje dentro de la Policía porteña, con acusaciones que salpicaban al nuevo director de la Policía, un ex comisario investigado por la causa AMIA –Jorge “el fino” Palacios- como así también a agentes del nuevo organismo y al mismísimo Ministro de Educación, Mariano Narodowsky, generaron un cimbronazo en el Ejecutivo, sobre quien recayó la acusación de utilizar a la recién creada –pero todavía no lanzada a la calle- Policía Metropolitana para perseguir opositores en lugar de solucionar los temas de inseguridad. Luego de tres cambios de Director del citado organismo, la policía porteña salió a la calle a fines de diciembre pasado, cumpliendo un rol de presencia más que de prevención y control. Por su parte, la Justicia ha avanzado con una velocidad inusitada en la causa por las escuchas y espionaje, lo cual se materializó en la detención del Fino Palacios, la renuncia de varios funcionarios del Gabinete –incluído Narodowsky- y la citación a declaratoria para el propio Jefe de Gobierno a quien dicen, le espera un pronto procesamiento.
Fuera de los carriles judiciales, Macri debe lidiar en el frente político con un hecho soslayado por su equipo hasta la fecha y que, evidentemente le traerá fuertes dolores de cabeza en su empresa presidencial: la dificultad de instalar su fuerza a nivel nacional, con excepción del ámbito metropolitano. Y es que, teniendo en cuenta el fracaso electoral cosechado en las sucesivas contiendas acaecidas en el interior del país –la última y más resonante en la Ciudad de Mendoza, en donde el Pro llevó como candidato al ignoto Orly Terranova, cuyo único mérito previo había sido correr un rally Dakar- la estrategia de Macri de fortalecer su partido en el interior y tener un armado propio con anterioridad a las presidenciales, pende de un hilo. Todo indica, dadas así las cosas, que al Jefe de Gobierno porteño no le quedará otra alternativa que tejer alianzas en todo el territorio nacional con los caciques locales del peronismo o, aún más, tener que competir en las internas abiertas del PJ para poder estar en el punto de largada el año próximo. Flaca decisión la que deberá tomar Macri, teniendo en cuenta no solo que su “procedencia independiente” de los grandes partidos había sido una de sus cartas de presentación frente a la sociedad, haciendo gala de ser un outsider que venía a renovar la política, sino también que un grupo importante de dirigentes dentro de su fuerza, encabezado por quien fuera su mano derecha, Gabriela Michetti, se opone con tenacidad a esa posibilidad.
A todo ello debe sumarse la incógnita que constituye la candidatura de Francisco de Narváez, desde un principio aliado natural de Macri y confinado a la Provincia de Buenos Aires, que ha dejado entrever su entusiasmo por competir por el sillón de Rivadavia –pese a que sus chances dependen de una decisión de la Corte Suprema, que probablemente sea negativa. De confirmarse esta “hipótesis colorada”, Macri deberá rediseñar su estrategia también en la Provincia, pues todo su capital político en tierras bonaerenses estaba encarnado en la figura de De Narváez.
Un dato final grafica sin titubeos la complejidad del escenario que deberá afrontar Macri de aquí a Octubre de 2011: recientes sondeos de intención de voto dan cuenta de que, si las elecciones porteñas fueran hoy, el ganador no sería otro que el cineasta y diputado nacional Fernando “Pino” Solanas. Es decir, Macri perdería incluso en su propio feudo.
De los ribetes que adquiera la citada causa judicial –y fundamentalmente de la fortaleza o debilidad con que el ex FIAT salga de allí parado- y de la decisión que Macri tome respecto al futuro de su construcción política, podremos inferir las posibilidades de éxito de su empresa presidencial. Por el momento, solo podemos hacer conjeturas.
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