viernes, 30 de abril de 2010

La política, con clonazepam hasta traer la Copa


Un asesor parlamentario detenido en oficinas del Ministerio de Economía, acusado de robar información. Un grupo de personas que entra por la fuerza a una presentación en la feria del libro, e impide el desarrollo de la exposición de los autores por no coincidir con el argumento del libro. Una denuncia por parte de un ex embajador argentino en Venezuela, que alega el pedido de coimas a los exportadores nacionales para la introducción de productos en el mercado venezolano. Un grupo de diputados a los que “se les hace tarde” y no llegan a dar quórum en la Cámara de Diputados para tratar dos leyes de vital importancia como el impuesto al cheque y el matrimonio de personas del mismo sexo. No es una película de Fellini; tampoco un cuento de Osvaldo Soriano. Todos hechos que, aparentemente incoxenos, dan cuenta de una triste realidad: la pobreza de la agenda política argentina.
Y es que, lejos de ser un reflejo sintomático coyuntural, la actual realidad argentina es la cara más evidente de la ausencia de proyectos, programas y líderes que despierten el espíritu cívico de la ciudadanía. No es un hecho casual que a poco más de un año de las elecciones presidenciales sea un incógnita saber quienes serán los contendientes. Tampoco es fruto del azar que desde el poder de turno se intente acotar la actividad parlamentaria para llegar al Mundial –con lo que ello implica en relación al desvío de la atención de la opinión pública- sin mayores sobresaltos. Menos aún lo es, todos y cada uno de los acontecimientos enumerados al principio. De una u otra manera, parece que el oficialismo, la oposición e incluso los medios se han puesto de acuerdo, implícitamente o no, para circunscribir la agenda política a un selecto conjunto de pseudoescándalos: el caso Larosa, los incidentes en la presentación de los libros de Hilda Molina y el Indec, los juicios populares de Hebe de Bonafini a los periodistas “cómplices de la dictadura”, las denuncias de coimas por parte del ex embajador argentino en Venezuela, Eduardo Sadous, el “cuelgue” de Vilma Ibarra ordenando papeles que impidió la sesión del miércoles pasado…y la lista sigue.
De uno y otro bando se intenta hacer leña del árbol caído de las miserias y acusaciones que pueden salpicar a su oponente. El Gobierno, en su encarnizada lucha contra Clarín, apelando a la causa por la supuesta apropiación de hijos de desaparecidos por parte de la dueña del monopolio, Ernestina Herrera. El caso Larosa tampoco le es esquivo, en su intento de romper el armado de centroizquierda y atraer al electorado que hoy se identifica con la figura de Claudio Lozano. Clarín, por su parte, no escatima recursos en ni portadas en resaltar la violencia “K” en la Feria del Libro y la embestida gubernamental contra el periodismo independiente. Obviamente, se muestra particularmente susceptible a la denuncia por coimas del ex embajador Sadous. La oposición, por su parte, enfrascada en su propia impericia a la hora de romper el juego del oficialismo –el hecho de no poder juntar el quórum necesario para sesionar es la prueba más cabal de ello- cierra filas nuevamente con Clarín, emitiendo declaraciones de repudio por las agresiones a periodistas y dando a conocer detalles del escándalo de las coimas que, lógicamente, ya conocían pero no podían sacar a la luz sin la presentación en la justicia de los denunciantes; valga el caso de Carrió, quien dijo que “yo siempre dije que Uberti era el cajero de Kirchner en las coimas con Venezuela”, y de Luis Juez, quien mencionó que en el año 2006 el empresario cordobés y padre del corredor de autos “Pechito” López, le comentó horrorizado el porcentaje que debía retribuir al Ministerio de De Vido para poder colocar sus productos en tierras del comandante Chavez.
Así las cosas, parecería ser que los pocos más de cuarenta días que nos separan de Sudáfrica 2010, no depararán demasiadas novedades en la agenda política de nuestro país. Repliegue táctico para salir con los tapones de punta a mediados de Julio o tendencia irreversible del año político, vaya uno a saber, lo cierto es que el letargo de nuestra política no se ve vulnerado por el rojo de las provincias, la inflación, la inseguridad y varios otros temas que deberían preocuparnos más que el debate Granata-Aníbal F.

miércoles, 21 de abril de 2010

La Haya: fallo dividido...en Argentina


Empate, victoria o derrota. Tres resultados posibles para tres interpretaciones distintas de un mismo fallo. Sea cual fuere la postura, lo cierto es que la Corte de Justicia Internacional de la Haya falló a favor de la continuidad de la pastera de capitales finlandeses Botnia, en las márgenes del Río Uruguay. Luego de un litigio de más de siete años, la decisión final e inapelable del máximo órgano de Justicia planetaria determinó que, si bien el Gobierno uruguayo había violado el Tratado del Río Uruguay por no consultar con su par argentino la instalación de la pastera en cuestión, nuestro país no presentó elementos concluyentes que demostraran la existencia de contaminación del río, por lo cual “no hay motivos para ordenar el cese ni corresponde el desmantelamiento de la pastera”, como exigía Buenos Aires. El fallo alertó, además, que la Corte no constituía el ámbito de aplicación de las demandas que formuló Buenos Aires contra Uruguay por la presunta contaminación sonora y visual, los malos olores y el impacto de la papelera sobre el turismo.
Una vez conocido el fallo, los delegados de la misión argentina intentaron convertir la decisión de la Haya en un triunfo diplomático para nuestro país. En este sentido, la consejera legal de la Cancillería Argentina, Susana Ruiz Cerruti, se mostró satisfecha al plantear que "la Corte dijo que Uruguay no cumplió un tratado que nos rige desde 1975 (…) lo cual es de enorme importancia para nosotros”. En igual sintonía se expresó la Presidenta Cristina Fernández quien, desde Caracas por motivo del bicentenario venezolano, esbozó que “el fallo recepta el pedido que había hecho la Argentina de que no se había respetado el Tratado del Río Uruguay. Lo más importante es que, a futuro, no podrá hacerse nada sin consulta”
Desde la oposición, por su parte, la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, no dudó en afirmar que “la derrota de la Argentina es enorme”. Sin embargo, primó en todo el arco político la postura de aceptar y someterse a los alcances del fallo.
La interpretación mayoritaria, sin embargo -la de la mayoría de los analistas internacionales-, veía en el dictamen un fallo salomónico que, si bien le daba a nuestro país la derecha en términos “morales”, no hacía más que conservar el status quo, dándole a Uruguay el aval para seguir fabricando pasta celulosa sobre el río Uruguay. Y es que, teniendo en cuenta que Botnia representa la mayor inversión extranjera directa en la historia uruguaya, algo así como el 3% de su producto bruto nacional, y que tres años atrás el mismo Tribunal había fallado en favor de Uruguay para iniciar la construcción de la pastera, hubiese sido mucho más que aventurado por parte de los jueces resolver a favor de la Argentina una cuestión que, además, no contaba con las pruebas necesarias para ello.
Más que sacar conclusiones posteriores al fallo y evaluar los resultados de la acción exterior argentina en lo que a este tema se refiere, lo relevante sería establecer si, en todo caso, la suerte de nuestro país en el litigio no se remonta a los orígenes mismos de este. Porque, de nada sirve plantear una victoria, derrota o empate diplomático post La Haya cuando, durante siete años, los mandatarios de ambos países no pudieron establecer una agenda de negociación bilateral que resolviera por otros canales el conflicto. Máxime, teniendo en cuenta que el fallo es claro a la hora de señalar que es menester que ambos países retomen el diálogo y el trabajo conjunto en vías a la preservación del Río Uruguay.
Quedará como tarea en el corto plazo reestablecer las relaciones argentino-uruguayas, tensionadas no solo por la instalación de la pastera, sino también por el corte desde hace más de tres años de uno de los pasos terrestres que une a la Argentina con el Uruguay, a la altura de la localidad entrerriana de Gualeguaychú. En efecto, si bien siete de cada diez argentinos están a favor de levantar el corte realizado por los asambleístas gualeguaychenses, estos han manifestado su intención de redoblar las medidas de lucha hasta no lograr la relocalización de la pastera. Lo cual se convertirá en un duro dolor de cabeza para la administración Fernández de Kirchner si es que quiere reafianzar los vínculos con el hermano país.

lunes, 19 de abril de 2010

Clarín + Nación + X = Cobos 2011


Fue casi como una jugada preparada. De esas que uno ve en los encuentros de las grandes ligas de fútbol americano, en donde faltando pocos segundos para el final, el entrenador se reúne con sus jugadores y, de nuevo en el campo, consiguen la anotación y vencen. O como esas movidas magistrales que en el ajedrez dejan en jaque al oponente. Exagerado o no, nadie podrá decir que haya sido fruto de la casualidad que el vicepresidente de nuestro país, Julio Cobos, fuere la portada de los dos matutinos de mayor tirada de la Argentina, justo el día en que más se leen los diarios, el domingo. Tampoco es rebuscado sostener que, más que unas buenas frases escogidas por los editorialistas de los diarios en cuestión, las declaraciones del vicepresidente obedecen a una renovada ofensiva política en vistas a las elecciones del año próximo. De qué otro modo, sino, deberían leerse las definiciones de Cobos, un cultor de la concordia, el consenso y las declaraciones medidas y cautas. Cómo comprender, entonces, que en medio de la semana más conflictiva desde el conflicto agrario entre el oficialismo y el vicepresidente –una suerte de oxímoron para cualquier desprevenido que no conozca la realidad argentina-, luego de la aprobación en el Senado del proyecto del ley que modifica el reparto de los fondos que recauda el impuesto al cheque, el mendocino haya sostenido que “nadie más se va a dejar intimidar por la Presidenta” y que “hay que ocuparse de la corrupción y la inflación” .
Las palabras de Cobos se dan en un contexto de máxima tensión entre el Vice y el kirchnerismo, teniendo en cuenta que, en cumplimiento de su rol de Presidente del Senado, logró la aprobación de una ley que era lesiva de los intereses del oficialismo, a través de una interpretación bastante amplia y controvertida de la letra constitucional. En efecto, desde el Gobierno y algunos círculos juristas, se sostiene que lay Ley debía aprobarse con una mayoría calificada de 37 votos y no con la mayoría simple, de 35 votos, con la que se terminó aprobando.
Asimismo, no es descabellado pensar que las declaraciones de Cobos se inscriben en el marco de la proliferación de numerosas encuestas de opinión e intención de voto, que lo sitúan bastante más abajo que sus competidores directos para 2011 e, incluso, casi a la par que otro contendiente dentro del frente radical, Ricardo Alfonsín.
Como era de prever, el efecto favorable del voto “no positivo” tendría un cote al cual Cobos ya ha llegado hace tiempo. A la par de ello, la situación ambigua y confusa de la que el vicepresidente es parte, siendo uno de los líderes de la oposición pero formando filas al mismo tiempo del Gobierno, ha generado una suerte de descreimiento por parte de vastos sectores de la sociedad que veían en el ex gobernador mendocino un alternativa viable al kirchnerismo. Finalmente, valga decir que la figura del Vice viene siendo flanco desde hace unos cuantos meses de una estrategia oficial que se circunscribe a atosigar y desgatar políticamente a Cobos, de manera tal que de un paso al costado por motus propio y sin incurrir en medidas que, lejos de perjudicarlo, no harían más que victimizarlo, aumentando así su popularidad.
Pero hay una pata no menos importante que su popularidad e incluso la estructura del radicalismo para llevarlo al poder en 2011: el rol de los multimedios de comunicación. No es una novedad plantear que Clarín y La Nación han tenido el poder, no solo de marcar la agenda política en la Argentina en los últimos años sino también de desestabilizar gobiernos e inventar candidatos. No es menos original decir que desde el momento mismo de la sanción de la Ley de Medios, los grupos concentrados económico-mediáticos vienen buscando un candidato más o menos potable que impida la aplicación de dicha ley una vez que llegue al poder el año próximo. La tapa de los dos matutinos del día domingo 18 de abril nos da una pista bastante consistente de cuál será el rumbo y las preferencias de estos de cara a las presidenciales del año próximo. Y es que, no es ilógico pensarlo, apartado Reutemann por decisión personal, salpicado Macri por las deficiencias en su gestión y los casos de espionaje en el Gobierno porteño, prácticamente desechados Carrió y Duhalde por sus altos índices de imagen negativa, como así también casi descartado De Narváez por incompatibilidad constitucional, los máximos lobbystas de Clarín y Nación ven en Cobos la única carta grande que pueda poner en vereda al kirchnerismo y dar por tierra la aplicación de la Ley de Medios. No correrán el riesgo, como ya lo hicieron en 2009, de apoyar un candidato que, como Pino Solanas, luego terminó apoyando al oficialismo en numerosas votaciones – y ser uno de los principales defensores de la Ley de Medios.
Así las cosas, la incógnita radica en saber cuan beneficioso o perjudicial será para Cobos mantenerse en un cargo que hasta ahora, no hace más que desgastar su imagen. Por lo demás, parece cantado que “el cuarto poder” ya tiene su as bajo la manga.


Clarín; 18/04/10
La Nación; 18/04/10

martes, 13 de abril de 2010

Cuando Frankenstein comprendió su creacion...


En lo que muchos analistas y el propio Barack Obama han dado a conocer como un hecho histórico, teniendo en cuenta el número de primeros mandatarios reunidos en suelo norteamericano para debatir un tema que hasta hace no muchos años era casi exclusividad de las grandes potencias, quedó oficialmente inaugurada en el día de ayer la Cumbre sobre Seguridad Nuclear. En ella, los líderes de 47 países de todo el globo intentarán arribar a los consensos necesarios para definir de qué modo combatir lo que el gigante del Norte supone la principal amenaza que se cierne sobre el planeta: que organizaciones terroristas tengan potencial acceso a armas nucleares, con los costes y consecuencias que ello implicaría para la humanidad. Si bien los principales temores se centran en un hipotético accionar de la red terrorista Al-Qaeda, ha quedado demostrado que uno de los objetivos primordiales de los Estados Unidos es obtener el respaldo necesario de aquellos países que, como China, todavía no han otorgado el apoyo en los organismos de seguridad de Naciones Unidas –el Consejo de Seguridad, primordialmente- para implementar medidas más severas contra Irán y Corea del Norte, en vistas de la carrera nuclear que vienen llevando adelante.
La citada cumbre se inscribe, asimismo, en un momento en el cual los dos más grandes portadores de armas nucleares, Estados Unidos y Rusia, han firmado en Praga un tratado por el cual se comprometen a reducir casi el treinta por ciento de su arsenal nuclear en los próximos siete años. Además, la administración Obama ha logrado su primer éxito al obtener el compromiso de Chile y Canadá en enviar el uranio enriquecido a esas tierras, en tanto que Ucrania ha hecho lo propio, manifestando su intención de enviarlo a Moscú.
Pero es importante señalar, por otra parte, que los pasos seguidos por Washington en materia de armamentos nucleares se engloban en una nueva estrategia que propone consolidar la frontera entre el uso de fuerzas convencionales y la escalada nuclear, difuminada por el presidente Bush al contemplar la posibilidad de una respuesta atómica a ataques de otra naturaleza, como los químicos y los biológicos. “Mientras ha estado vigente, la doctrina ahora revisada no ha aumentado la disuasión, sino la proliferación, al mismo tiempo que ha deteriorado los instrumentos que, como el Tratado de no Proliferación, siguen siendo imprescindibles para acotar primero, y reducir después, un riesgo que se ignoró tras la guerra fría y que el programa nuclear iraní ha vuelto a situar en el primer plano” .
Lo cierto es que, más allá de las intenciones norteamericanas, renombrados líderes mundiales como el Presidente francés, Nicolás Sarkozy o el premier israelí Benjamín Netanyahu no solo han declarado su rechazo a reducir su armamento en aras de la defensa de sus conciudadanos sino que, en el segundo caso, directamente se ha negado a participar de la Cumbre. Sumado a ello, la declaración final, que será aprobada hoy, no obliga a medidas específicas y tiene más valor simbólico que práctico; con lo cual podríamos decir que la Cumbre no es más que una misiva de buenas intenciones de un grupo de líderes mundiales preocupados por el terrorismo atómico.
Paralelamente a ello surgen interrogantes referidos a los dueños del control –Estados Unidos- y a las garantías que el planeta tiene bajo su égida. Porque, quién es capaz de aseverar que Estados Unidos no seguirá enriqueciendo uranio y fabricando armas nucleares? En una suerte de “muerto que se ríe del degollado”, los países considerados en el eje del mal –Irán, Corea del Norte, Venezuela- deben ceder ante las presiones de los creadores mismo de Hiroshima y Nagasaki. Pero, quién puede dar fe entonces de que este armisticio y esta pax nuclear que propone Washington no irá a revertirse cuando lo ameriten circunstancias adversas?. Otros temas como la proliferación de bases militares norteamericanas en los cinco continentes, la reactivación de la cuarta flota en Sudamérica y el Caribe o la política israelí en los territorios palestinos deberían despertar los mismos resquemores que el terrorismo global.
Sin ser una estrategia desacertada debemos concluir que, amén del desarme propuesto por Obama, solo el fortalecimiento del Consejo de Seguridad de la ONU y la aceptación de sus dictámenes en todos los casos, es garantía -y solo a medias- de una agenda de seguridad internacional imparcial, ajena a los intereses concretos de los Estados Unidos o la potencia que sea. De otro modo, seguiremos atando la agenda de seguridad global a las necesidades de política exterior norteamericana.

domingo, 11 de abril de 2010

129, 37...quórum!


La imposibilidad por parte del arco opositor de alcanzar mayoría propio en sendas sesiones del Senado y la Cámara Baja, la semana anterior, y la decisión del oficialismo de hacer uso de las prerrogativas parlamentarias y no dar quórum, inauguró un nuevo capítulo de la novela que, desde el inicio mismo de las sesiones ordinarias, protagoniza el sistema parlamentario argentino.
La ausencia del ex presidente Carlos Menem el pasado miércoles a la sesión que debía tratar el rechazo al DNU de las reservas y la coparticipación del impuesto al cheque, y el faltazo de un nutrido grupo de legisladores en Diputados llevó nuevamente a un punto muerto que lleva semanas y que encuentra semiparalizada la actividad legislativa.
Numerosos matutinos y portales de Internet se han hecho eco de la situación, publicando encuestas en donde los (ciber) lectores opinan y dejan sus votos de a miles, achacando la culpa en distintos grados al oficialismo y a la oposición por no bajar a dar el debate aquellos, por no coordinar y unificar posiciones, estos últimos.
Lo cierto es que, más allá de que las comisiones de trabajo sigan funcionando y desde el oficialismo se le intente poner un manto de normalidad al asunto parece ser que, pese al recambio legislativo y a la constitución de nuevas mayorías a su interior, se ha configurado un juego de suma cero en donde nadie puede imponer su voluntad. Así, el kirchnerismo ha logrado dilatar votaciones claves en el Parlamento, apostando a un renovado poder de negociación con bloques afines que le permita salir airoso a pesar de no contar con la cantidad necesaria de legisladores a tales efectos.
Desde la oposición, por su parte, se acusa al oficialismo de avasallar nuevamente la institucionalidad y de pretender jaquear el rol del Parlamento para poder gobernar por decreto, y sin mayor control, desde Balcarce 50. Pese a esbozar un intento de autocrítica –acusando implícitamente a miembros de otros bloques opositores de ser funcionales al kirchnerismo o abiertamente, como fue el caso de Menem, de deslizar la existencia de acuerdos con el Gobierno, cabe recordar que la oposición también hizo uso de las facultades reglamentarias, dejando sin quórum la sesión del Senado que trataría el pliego de la designación de Mercedes Marcó del Pont al frente del Central – a sabiendas de que el kirchnerismo contaba con los votos suficientes para aprobarlo.
De lo que se trata entonces es de consensuar reglas de juego claras, tanto para coyunturas de mayoría como de minoría parlamentaria. O es lícito para todos los casos no bajar a debatir cuando no se tienen los votos para imponer la voluntad propia, o no lo es para ninguno.
Más aún, el argumento institucionalista que pone en cuestionamiento la potestad de no bajar al recinto so pena de paralizar el Congreso, tiene poderosas consecuencias que podrían colocar a muchos dirigentes de la oposición en una situación incómoda. Porque, siguiendo esta lógica, tendríamos que derivar de las premisas de que el oficialismo quiere paralizar el Parlamento y no discutir por esa vía los asuntos que conciernen a nuestro país, la conclusión de que este Gobierno no respeta la división de poderes. Y qué más no es la división de poderes sino la esencia misma una república como tal. De allí a sostener que en Argentina “no hay república”, nos separa un crucifijo y un contrato moral…
El norte, entonces, debe ser el establecimiento de pautas procedimentales claras –la aceptación misma del reglamento de las Cámaras es ya una de ellas- y la aquiescencia del juego político al interior del Parlamento –con sus acuerdos, desacuerdos, “roscas”, etc.-, entendiendo que el camino es modificar los equilibrios parlamentarios -e imponer así la propia voluntad- y no acudir a discursos grandilocuentes y etiquetas alarmistas que nada coadyuvarán a la normalización de la actividad parlamentaria.

viernes, 9 de abril de 2010

El dilema de Mauricio


Lo que hasta hace algo menos de un año parecía ser un simple trecho hacia sus posibilidades presidenciales de 2011, se ha convertido en una carrera de obstáculos para el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. Y es que, sumado a las deficiencias y el desgaste de sus dos años y medio de gestión, el ex presidente boquense se enfrenta a un serio litigio judicial y un punto cúlmine respecto del futuro de su construcción política, que pueden poner en jaque sus posibilidades electorales de cara a 2011.
Hagamos un poco de historia para desmenuzar la encerrona del ex Boca. La negativa del Gobierno Nacional a traspasar competencias y presupuesto a la órbita de la Ciudad y lograr así un poder de policía y una capacidad de implementación de políticas de seguridad propias, obligó a Macri a una jugada arriesgada, frente a lo que había sido el principal eje de la campaña que lo catapultó a Bolívar 1: la seguridad. Así, el Jefe de Gobierno anunció la creación de una Policía Metropolitana – de la cual poco se sabía y se sabe todavía hoy, en relación a sus competencias, concurrencias y articulación con la Federal, etc.- que no tardó en generar polémica. La presentación en la Justicia de numerosas denuncias que planteaban la existencia de una red de escuchas telefónicas y espionaje dentro de la Policía porteña, con acusaciones que salpicaban al nuevo director de la Policía, un ex comisario investigado por la causa AMIA –Jorge “el fino” Palacios- como así también a agentes del nuevo organismo y al mismísimo Ministro de Educación, Mariano Narodowsky, generaron un cimbronazo en el Ejecutivo, sobre quien recayó la acusación de utilizar a la recién creada –pero todavía no lanzada a la calle- Policía Metropolitana para perseguir opositores en lugar de solucionar los temas de inseguridad. Luego de tres cambios de Director del citado organismo, la policía porteña salió a la calle a fines de diciembre pasado, cumpliendo un rol de presencia más que de prevención y control. Por su parte, la Justicia ha avanzado con una velocidad inusitada en la causa por las escuchas y espionaje, lo cual se materializó en la detención del Fino Palacios, la renuncia de varios funcionarios del Gabinete –incluído Narodowsky- y la citación a declaratoria para el propio Jefe de Gobierno a quien dicen, le espera un pronto procesamiento.
Fuera de los carriles judiciales, Macri debe lidiar en el frente político con un hecho soslayado por su equipo hasta la fecha y que, evidentemente le traerá fuertes dolores de cabeza en su empresa presidencial: la dificultad de instalar su fuerza a nivel nacional, con excepción del ámbito metropolitano. Y es que, teniendo en cuenta el fracaso electoral cosechado en las sucesivas contiendas acaecidas en el interior del país –la última y más resonante en la Ciudad de Mendoza, en donde el Pro llevó como candidato al ignoto Orly Terranova, cuyo único mérito previo había sido correr un rally Dakar- la estrategia de Macri de fortalecer su partido en el interior y tener un armado propio con anterioridad a las presidenciales, pende de un hilo. Todo indica, dadas así las cosas, que al Jefe de Gobierno porteño no le quedará otra alternativa que tejer alianzas en todo el territorio nacional con los caciques locales del peronismo o, aún más, tener que competir en las internas abiertas del PJ para poder estar en el punto de largada el año próximo. Flaca decisión la que deberá tomar Macri, teniendo en cuenta no solo que su “procedencia independiente” de los grandes partidos había sido una de sus cartas de presentación frente a la sociedad, haciendo gala de ser un outsider que venía a renovar la política, sino también que un grupo importante de dirigentes dentro de su fuerza, encabezado por quien fuera su mano derecha, Gabriela Michetti, se opone con tenacidad a esa posibilidad.
A todo ello debe sumarse la incógnita que constituye la candidatura de Francisco de Narváez, desde un principio aliado natural de Macri y confinado a la Provincia de Buenos Aires, que ha dejado entrever su entusiasmo por competir por el sillón de Rivadavia –pese a que sus chances dependen de una decisión de la Corte Suprema, que probablemente sea negativa. De confirmarse esta “hipótesis colorada”, Macri deberá rediseñar su estrategia también en la Provincia, pues todo su capital político en tierras bonaerenses estaba encarnado en la figura de De Narváez.
Un dato final grafica sin titubeos la complejidad del escenario que deberá afrontar Macri de aquí a Octubre de 2011: recientes sondeos de intención de voto dan cuenta de que, si las elecciones porteñas fueran hoy, el ganador no sería otro que el cineasta y diputado nacional Fernando “Pino” Solanas. Es decir, Macri perdería incluso en su propio feudo.
De los ribetes que adquiera la citada causa judicial –y fundamentalmente de la fortaleza o debilidad con que el ex FIAT salga de allí parado- y de la decisión que Macri tome respecto al futuro de su construcción política, podremos inferir las posibilidades de éxito de su empresa presidencial. Por el momento, solo podemos hacer conjeturas.

miércoles, 7 de abril de 2010

Cuando reformar no es suficiente


Septiembre de 2008. Lehman Brothers, una de las bancas de inversión más grandes de todo el mundo, se declara en quiebra Los gurúes de la economía dan cuenta de la mayor crisis financiera desde el derrumbe de Wall Street en 1929, producto de las pérdidas generadas por la posesión de numerosos bancos de bonos garantizados con créditos hipotecarios de baja calidad - lo que se ha denominado en el mundo financiero, la crisis subprime. Una catarata de nuevos términos como burbuja inmobiliaria, crisis de liquidez o pánico bursátil llenan las páginas de todos los diarios del mundo. La Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo salen al rescate de los bancos en cuestión, inyectando una suma de dinero cercana a los ochocientos mil millones de dólares. Los augurios de Marx y Engels parecen hacerse realidad; con algo más de 100 años de demora, el capitalismo parece firmar su acta de defunción.
Fines de marzo de 2009. El G20, grupo constitutivo de las mayores potencias del mundo y de países en vías de desarrollo, reúne a sus líderes en Londres para buscarle una salida a la crisis financiera. Se decide inyectar una suma de dinero superior al producto bruto nacional de cualquier economía desarrollada excepto, claro está, al de las mayores potencias -1,1 billones de dólares- y la creación de una superagencia con poderes ampliados para, en cooperación con el FMI, alertar de los riesgos macroeconómicos y financieros y tomar las acciones necesarias para actuar contra ellos. En definitiva, el comunicado final del encuentro reconoce que "los fallos esenciales en el sector financiero y en la regulación financiera fueron las causas fundamentales de la crisis" y afirma que la confianza no será restaurada hasta que no reconstruyamos la confianza en el sistema financiero"1 . Además, el FMI y el Banco Mundial serán "reformados" y reforzados. La cláusula bernsteniana según la cual el capitalismo tiende a transformarse en aras de no desaparecer parecía tumbar las ilusiones de la izquierda revolucionaria: vuelta de rosca mediante, el orden global no tenía en mente discutir en profundidad el status quo capitalista.
Fines de 2009, inicios de 2010. Estallan las primeras revueltas sociales en Grecia producto del paquete de ajuste implementado por el gobierno heleno, que prevé la reducción de su déficit en más de diez puntos de aquí a 2012, y que recorta el presupuesto estatal en más de un diez por ciento, afectando principalmente a los salarios. España, por su parte, bate récords de pobreza y desempleo en la eurozona, con casi diez millones de compatriotas que se encuentran sumidos en tal condición, y una tasa de paro para los jóvenes de entre 18 y 25 años que trepa a casi el 45%. Aquí y allá se multiplican negativamente los índices macroeconómicos más relevantes, al tiempo que las otrora quebradas bancas de inversión y los fondos de especulación vuelven al centro de la escena como si nada hubiese sucedido. Y es que, a costa de las billonarias ayudas estatales, las finanzas han logrado salirse con la suya y trasladar lo que era una crisis privada al sector público. Como explica el economista Fréderic Lordon, “resulta evidente que los bancos no tienen ningún escrúpulo, una vez restablecida su salud, en especular ahora contra los Estados que los salvaron del precipicio, con lo cual hacen subir el costo de los préstamos públicos y agravan así el problema de los déficits…que ellos mismos originaron”2 . El tiro del final a quienes creían en un nuevo orden poscapitalista queda consumado: ajenas a cualquier tipo de vergüenza, las finanzas encabezan con un renovado énfasis su ofensiva en la economía global.
A la sazón podría preguntarse si la culpa es del chancho o quien le da de comer. Si de unas finanzas deshumanizadas y crueles cuyo único objeto es la potenciación de sus ganancias, o de un sistema político internacional, encabezada por los Estados más poderosos, que termina avalando los abusos y perjuicios generados por el sistema financiero. Que después de concurrir al salvataje bancario, por sumas astronómicas que podrían solucionar con creces temas tanto más delicados como el hambre, la pobreza o las muertes por causas evitables, permanecen impasibles ante tamaña impunidad especulativa.
Lo cierto es que desde hace más de 30 años la economía mundial se rige bajo los designios del capital financiero en detrimento del capital productivo. Sin entrar aquí en valoraciones subjetivas acerca de la conveniencia o no del capitalismo como sistema de producción económico y social, sí es relevante marcar aquí lo extemporáneo de aquella hegemonía financiera. Porque lo que Marx vislumbró hace 150 años en el seno de la producción capitalista, aquello que llamó plusvalía, se da bajo la hegemonía financiera con un nuevo rodeo: plusvalía de la plusvalía, valga decir.
Así las cosas, resulta indispensable señalar que de nada valen las modificaciones a las instituciones financieras y las soluciones de coyuntura de no existir reglas de juego claras. Lo cual significa reglas de juego impuestas por los Estados y no por las finanzas, o sea, la vuelta de la economía a la órbita de la política. De lo contrario, no solo deberemos lidiar con un sistema cada vez más injusto, sino con estallidos y revueltas sociales que pongan un límite a lo que la política no puede o no quiere hacer: someter el poder de las finanzas. En este sentido, créase o no, hasta el mismísimo FMI -el que hace algo más de una década recetaba el ajuste estructural como la política económica más eficaz a los efectos del desarrollo, el que propugnó el neoliberalismo a lo largo y ancho de la tierra- advirtió hace algunas semanas que si no se reforma el sistema financiero habrá revuelta social.
Nosotros avanzaremos un poco más que el FMI, planteando la necesidad de repensar la relación entre economía y política y de crear las condiciones para un mundo más justo, equilibrado y solidario.


1 Diario El País, 02/04/2010
2 Fréderic Lordon; "La revancha neoliberal"; Le monde diplomatique 03/2010

martes, 6 de abril de 2010

La oposición, en su encrucijada


“A nosotros no nos une el amor, capaz que nos une el espanto, señor presidente”. Palabras más, palabras menos, esa fue la frase esgrimida por el Presidente de bloque del Frente Nuevo de la Provincia de Córdoba, el senador Luis Juez, en una sesión de la Cámara Alta que debatía la aprobación del pliego de la designación de Mercedes Marcó del Pont al frente del BCRA. Amén de las bravuconadas y humoradas que caracterizan a Juez, su frase pinta de relieve una realidad inexpugnable: el cada vez mayor grado de fragmentación de la oposición política en la Argentina. Entender las causas de esta situación requiere de un análisis profundo que remite no solo a desentendimientos y diferencias sustanciales respecto a la cosmovisión de importantes ejes temáticos, sino también a miserias y personalismos por parte de los principales dirigentes de aquellos partidos que integran la oposición, y que han sido el caldo de cultivo para que el oficialismo siga teniendo vía libre en numerosas situaciones.
Una primera aproximación a la cuestión nos lleva a echar los ojos sobre el desfasaje existente en el segundo cargo en jerarquía de la República. En efecto, cuesta explicar a propios y ajenos cómo el Vicepresidente de la Argentina es el principal líder del arco opositor, en una suerte de paradoja institucional que se remonta al voto “no positivo” de Julio Cobos en el marco del conflicto del Ejecutivo con el campo -y que catapultó al ex gobernador mendocino a la carrera por el sillón presidencial. Como agregado puede mencionarse al pasar que la aceptación de la candidatura a la vicepresidencia le había valido al mencionado dirigente la expulsión del Partido Radical, aunque la popularidad adquirida después del conflicto convenció incluso a los más duros dentro del centenario partido de la conveniencia de reincorporarlo a sus filas y presentarlo en sociedad como su carta grande de cara al 2011.
Una vez aclarada la particularidad institucional del párrafo precedente, podemos plantear la existencia de tres o cuatro grandes vertientes dentro de la denominada oposición en la Argentina. La primera de ellas, que numerosos analistas denominan panradicalismo, estaría constituida por el propio partido Radical, la Coalición Cívica y el Partido Socialista. Es difícil catalogar ideológicamente al mencionado conglomerado, pues conviven dentro de él expresiones progresistas como el PS y el GEN de Margarita Stolbizer, pero también tendencias que es posible ubicar a la derecha del centro, como las representadas por Oscar Aguad de la UCR o Enrique Olivera y Patricia Bullrich, de la Coalición Cívica. Sin embargo podríamos graficarlo en términos ideológicos como un péndulo que se mueve en torno al centro. Luego de la experiencia del Acuerdo Cívico y Social, nombre del frente con que concurrieron las antedichas agrupaciones a las elecciones de 2009, se han visto mayores líneas de ruptura que de continuidad, y de hecho algunas declaraciones de los líderes de los partidos miembros hacen pensar más en el fin del frente que en un revival para 2011. La cuestión Cobos parece aquí vital para la suerte de un entendimiento; en este sentido, la titular de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, afirmó categóricamente la imposibilidad de compartir el mismo espacio político que el Vicepresidente, al tiempo que algunos grupos dentro de la UCR todavía resisten la vuelta del mendocino. Rubén Giustiniani, presidente en el orden nacional del PS, también ha sido claro a la hora de referirse a las posibilidades de continuidad del Acuerdo, planteando que la condición sine qua non para ello es la discusión de un programa común. En definitiva, podemos establecer que la construcción del mentado frente, si es que la hay, se asienta más sobre los porcentajes de imagen positiva y de intención de voto de sus principales dirigentes –por cierto bastante bajos- que por el debate programático.
Una segunda vertiente, cuyo anclaje ideológico podemos situar sin rodeos a la derecha del centro, la constituye el espacio político del Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri –PRO- y el de su socio en la Provincia de Buenos Aires, Francisco de Narváez. Con un discurso tecnocrático, asociado a la eficiencia en la asignación de recursos y del gasto presupuestario, y con la bandera de la seguridad como principal caballo de batalla, ambos dirigentes buscan darle a su representación local –circunscripta a la Ciudad de Buenos Aires en el caso de Macri y a la Provincia de Buenos Aires en el caso de De Narváez- una proyección nacional que les permita formar parte de la contienda presidencial el año próximo. Dos cuestiones en relación a esta sociedad política son insoslayables: en primer lugar, las fricciones producto del coqueteo de De Narváez con su posibilidad de competirle a Macri la primera magistratura Si bien el ex dueño de Casa Tía cuenta con mínimas posibilidades por incompatibilidad constitucional – al ser extranjero no podría ejercer el cargo de Presidente- en el entorno cercano a Macri consideran que “el colorado” rompió un acuerdo que le otorgaba al ex presidente de Boca la candidatura presidencial y a él, el camino hacia La Plata. El segundo aspecto a tener en cuenta está asociado a los rotundos fracasos obtenidos por el PRO fuera de la Ciudad de Buenos Aires. En efecto, los magros resultados ponen a Macri en la disyuntiva de seguir apostando a su fuerza en el interior del país o establecer acuerdos con los caudillos del peronismo provincial no alineados con el kirchnerismo, que le den la estructura y los votos necesarios para contar con chances presidenciales el año próximo. Pequeña decisión para Macri, teniendo en cuenta que presentaba al PRO como lo nuevo en política.
Una tercera pata de la oposición la constituye un núcleo de gobernadores, legisladores y dirigentes peronistas en abierta oposición al kirchnerismo. Se engloban dentro de los denominados Peronismo disidente y Peronismo Federal, y representan los vestigios del duhaldismo, del menemismo y de otras tendencias internas del PJ, fundamentalmente asociadas a caudillos del interior de nuestro país, que mantienen un fuerte rechazo al modelo K. Entre ellos podemos mencionar a Felipe Solá, Adolfo y Alberto Rodriguez Saá, Mario Das Neves y el mismo Francisco de Narváez –que pese a su sociedad con Macri no deja de “jugar políticamente” con este sector. Aquí también podemos vislumbrar un bloque conservador desde el punto de vista ideológico, y un poder anclado en las provincias pero que no ha tenido un correlato en la proyección de una figura nacional.
Finalmente podemos advertir una última vertiente dentro de la oposición, identificada con una izquierda moderada, que alberga numerosas agrupaciones progresistas -algunas de ellas con un paso previo por el kirchnerismo- también circunscriptas la mayoría de ellas al ámbito metropolitano: Proyecto Sur, de Pino Solanas y Claudio Lozano, el SI de Eduardo Macalusse, el Nuevo Encuentro del ex intendente de Morón, Martín Sabbatella, y otros grupos menores, que alternan un apoyo crítico con una oposición
tenaz, dependiendo de la temática que se trate en el Parlamento.

Una vez identificadas las patas de la oposición política en la Argentina, es necesario adentrarse en un terreno de mayor complejidad, pues los clivajes que caracterizan las tensiones oficialismo-oposición en la mayoría de las democracias occidentales no se ajustan a la realidad de nuestro país. El efecto inmediato de ello es una “macedonia política” en donde conviven bloques parlamentarios ideológicamente débiles, de escasa duración temporal, que amenazan con eclosionar ante la discusión de leyes que no deberían suscitar mayores inconvenientes con partidos políticos de cierta coherencia y fortaleza. Primera conclusión: la fragmentación y dispersión política de la oposición se entiende mejor teniendo en cuenta la crisis que acarrean los partidos políticos desde el año 2001, con organizaciones endebles que se sostienen más por la popularidad de sus líderes que por programas coherentes y dirigentes orgánicos a las decisiones partidarias. Y si bien no es un fenómeno típico del siglo en que vivimos, valga rescatar como ejemplo la exacerbación de los “ismos” –kirchnerismo, macrismo, y tantísimos otros- en detrimento de la identificación partidaria. Basta con salir a la calle y preguntarle a la gente cuál es el nombre de los partidos de Elisa Carrió, Francisco de Narváez o Pino Solanas para comprobar la afirmación precedente: asistimos, en definitiva, a una personalización de la política.
Una inferencia lógica de lo anterior sería que la posibilidad de arribar a acuerdos programáticos o diseñar una agenda alternativa a la del Gobierno por parte de la oposición, estaría supeditada a las egolatrías, potenciales posicionamientos y conveniencias personales de los líderes en cuestión.
Un segundo aspecto, enunciado sucintamente más arriba, es que la heterogeneidad ideológica del conjunto oposición lleva a situaciones en las que alguna de las patas – casi siempre la de centro-izquierda- se encuentre más cerca de las posiciones oficiales que las del resto de la oposición.
De este modo llegamos a un cuadro de situación sumamente curioso en donde, pese a tener la mayoría parlamentaria, la oposición no lograr quebrar los designios del oficialismo. Este, conciente de ello, trata por todos los medios de otorgar concesiones a aquellos bloques afines ideológicamente de modo tal de obtener su venia en las votaciones claves.
La encrucijada de la oposición, así las cosas, se vuelve patente: o se empeña en una unidad ficticia, sobre la base de acuerdos dirigenciales que prioricen la discusión de tres o cuatro grandes lineamientos para nuestro país y puedan parir la candidatura presidencial de algún dirigente que represente aspectos tales como la concordia y el consenso o, lejos de ello, reconozca la imposibilidad de avanzar en la tan mentada unidad –habida cuenta de las insalvables diferencias que existen en su interior- y se encamine hacia la consecución de frentes consistentes desde lo programático e ideológico: uno a la izquierda y el otro a la derecha del oficialismo.

lunes, 5 de abril de 2010

Kirchner 2011: ¿Fantochada o realidad?


Las elecciones legislativas del 28 de Junio de 2009 parecieron dar por finalizado un ciclo de hegemonía política por parte del matrimonio Kirchner en la Argentina. El conflicto agropecuario acaecido a lo largo de gran parte de 2008, el estilo como mínimo poco consensuado, y para otros directamente “autoritario” de llevar los designios de la cosa pública, el desequilibrio inflacionario y la supuesta manipulación del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) fueron algunos de los factores determinantes a la hora de sellar la suerte electoral del partido gobernante.
La victoria del empresario Francisco De Narváez por sobre el binomio Scioli-Kirchner, en lo que se dio a conocer como “la batalla de la provincia” –habida cuenta del peso electoral de Buenos Aires y de que, en rigor de verdad, el apoyo al “modelo K” pasaría (o no) su prueba de fuego en el distrito donde el mismísimo Kirchner compitiera- despertó expectativas renovadas en el escenario político argentino. En efecto, según planteaban numerosos analistas, términos tales como consenso, acuerdo y debate empezarían a formar parte del nuevo vocabulario que los Kirchner y su tropa tendrían que adoptar, entendiendo que la sociedad había puesto un límite a través de los votos al excesivo poder y a los abusos cometidos por el partido de gobierno.
Lo que casi todos definían como un período de transición hasta la entrega del poder por parte de Cristina Fernández en 2011, como el fin absoluto, no solo de la hegemonía, sino incluso de la vida política misma de los Kirchner luego del 28J, empezó a transformarse lentamente en un nuevo proceso de relegitimación por parte del matrimonio. Así, un combo perfecto de virtudes propias y defectos ajenos ha comenzado a germinar una idea impensada hasta para los más optimistas dentro del círculo K: la posibilidad de un nuevo mandato en 2011.
Es evidente que la dinámica cambiante de nuestro sistema político y la idiosincrasia misma del argentino medio coadyuvan a normalizar y naturalizar algunas cuestiones poco entendibles para el espectador. No obstante ello, es menester señalar una serie de acontecimientos y medidas gubernamentales que modificaron la agenda pública de nuestro país, generaron importantes golpes de efecto en la opinión pública y desnudaron una realidad que el senador por Córdoba Luis Juez definió de manera elocuente: “lo único que nos une (a la oposición) es el espanto”.
Lo primero que hay que destacar es la proactividad y la iniciativa del oficialismo en el marco de la derrota. Cuando todos creían que vendrían seis meses de apaciguamiento político y de semi-inactividad parlamentaria, el kirchnerismo capitalizó la mayoría circunstancial que tenía en las dos cámaras hasta el recambio legislativo, sancionando leyes claves que surtieron efecto inmediato no solo dentro del sistema político, sino también en el humor de la sociedad. Deben señalarse, en este sentido, la sanción de la prórroga de las facultades delegadas del Parlamento al Ejecutivo, acaecida tan solo un mes y medio después del 28J, la reforma política, sancionada a fines de 2009 y con importantes consecuencias para el sistema político en su conjunto y, finalmente, la tan controvertida Ley de Medios. Sin profundizar en los pormenores de cada una de estas leyes, por demás conocidas por su amplia difusión en los medios de comunicación, me centraré aquí en las dos cuestiones antes mencionadas: su impacto en la opinión pública y en el arco opositor. Respecto de las facultades delegadas, supuso un nuevo atropello a la institucionalidad y una muestra más de la necedad y autoritarismo de los Kirchner, que no habían hecho acuse de recibo del dictamen de las urnas. La oposición, por su parte, mostró su primera grieta al abstenerse de la votación el bloque autodenominado de centroizquierda (SI, Proyecto Sur, etc.)
La ley de partidos políticos, por su parte, encontró una opinión pública dividida entre aquellos que sostenían que se trataba de una medida para acallar a las minorías y volver al bipartidismo en la Argentina, pero fundamentalmente una jugada del kirchnerismo para reflotar su proyecto político, y los que daban cuenta de la necesidad de reglas claras y de partidos políticos fuertes, en una Argentina donde el sistema de partidos había eclosionado luego de la crisis de 2001 y donde había más de 700 partidos registrados en la Justicia electoral. La oposición, por su parte, unificó postura y logró homogeneizar su rechazo.
Pero fue sin lugar a dudas la Ley de Medios la que despertó mayor efusividad en la sociedad y profundas divergencias en el seno de la oposición. El objetivo explícito de democratizar los medios de comunicación y de pluralizar las voces en ellos, en un contexto de encarnizada lucha entre el Grupo Clarín y el Gobierno de los Kirchner, fue el argumento de quienes sostenían que debía modificarse una Ley de los tiempos de la dictadura. El intento de acallar las voces críticas, de aprobar a las apuradas una ley sin mediar un debate de toda la sociedad –fundamentalmente para aprovechar los números favorables en ambas cámaras- fue el planteo esgrimido por aquellos que se oponían. Como en ningún otro momento de nuestra historia se hicieron sentir los lobbys mediáticos, que a través de líneas editoriales, videographs alarmantes y ostentosas campañas publicitarias pusieron de relieve la poca objetividad y la falta de independencia de numerosos comunicadores. Más que un debate por mayor o menor democracia en los medios, la discusión de la Ley giró en torno a los activos de los que deberían desprenderse los grupos mediáticos/económicos.
Quizás la Ley de Medios fue la que mayores implicancias trajo al interior de la oposición, en tanto y en cuanto no solo el bloque de centroizquierda votó en su favor, sino también el Partido Socialista, una de las tres patas del Acuerdo Cívico y Social.
En resumidas cuentas, podemos extraer como primera conclusión que el proceso de relegitimación del kirchnerismo viene dado por una política proactiva a nivel legislativo durante el segundo semestre de 2009, un arco opositor fragmentado, sin un liderazgo claro que logre imponer una agenda alternativa a la del Gobierno, y una exacerbación del conflicto con ciertos grupos mediáticos (Clarín, La Nación, TyC Sports, etc.) que intenta erigir un escenario dicotómico en la opinión pública. Lo interesante del asunto es que, desde el punto de vista de quien suscribe, la obscenidad en el accionar de los antedichos grupos mediáticos, la dispersión opositora y algunas medidas de carácter progresista –ingreso universal por hijo, fundamentalmente- han logrado que algunos sectores medios vuelvan a mirar, por lo menos de reojo, la posibilidad de un nuevo período K.
El inicio político del año 2010, con los venturosos augurios de una oposición unida y con una agenda común, no encontró más que una burda pelea por el reparto de las comisiones y los cargos claves del Parlamento, y un Ejecutivo que volvía al acecho con la determinación de usar reservas del Central para pagarle a los acreedores externos. Discutible o no, tanto en formas como en contenidos, lo cierto es que los mismos que hasta hace poco velaban por la seguridad jurídica de nuestro país y por la necesidad de darle a los inversores externos una imagen de seriedad y de credibilidad, son los que ahora plantean reparos institucionales a la efectivización de la medida, olvidándose ya de los aspectos defendidos hasta no hace mucho. Lo cual nos lleva a plantear una segunda conclusión: la oposición ha quedado en algunos temas tan a la deriva, que el oficialismo se siente capaz de correr por izquierda a los bloques de centroizquierda –poniéndolos en la situación de tener que acompañarle en leyes tales como la de Medios- y a la derecha por derecha – dejando en un absurdo a aquellos que critican el pago de deuda con reservas cuando durante años se rasgaron las vestiduras planteando la necesidad de honrar las deudas de nuestro país para darle un marco de certeza a los inversores.
Hay quien podrá refutar, sin embargo, que no escapa a las generales de la ley que aquellos partidos de la oposición que compartan la misma visión que el oficialismo en temas puntuales, puedan acompañar con su voto para el caso concreto. Que de hecho de eso se trata la democracia y a tales efectos concurren instituciones como el Parlamento y ejercicios como el debate, el disenso y el acuerdo. Pero en la Argentina crispada, casi binaria se diría, en la que vivimos en la actualidad, la profundidad en el análisis no es algo que caracterice ni que convenga a vastos sectores socio-políticos. De manera tal que todo debate corre riesgo de quedar subsumido a la lógica “ser (o no ser) funcional al Gobierno o ser (o no ser) funcional a una derecha destituyente”, si es que la hay. En el caso de este último espectro, sus únicas preocupaciones radicarían en deslindarse del mote de “golpistas”, al que tan frecuentemente son asociados por parte del oficialismo. En el caso de aquellas fuerzas progresistas de tinte opositor, la empresa requiere de mayor complejidad: generar una alternativa de gobierno que pueda situarse a la izquierda del oficialismo, sin quedar entrampado en las falsas dicotomías impuestas por la corporación política, económica y mediática… algo por demás complicado.
Y es justamente en las posibilidades de naufragio de aquella empresa progresista opositora en donde, contrariamente, se erigen las esperanzas del kirchnerismo para alcanzar un nuevo mandato en 2011. En recuperar aquellos votos del centro hacia la izquierda de los grandes centros urbanos que, esquivos en la última elección, puedan recostarse nuevamente en el kirchnerismo producto del fracaso de un hipotético experimento progresista. En ello pesará, insoslayablemente, cuán hondo cale en la sociedad el discurso oficial de una oposición reaccionaria y destructiva y de una centroizquierda, también opositora, que termina “haciéndole en juego” a la derecha. Y ni hablar del papel que cumplan los medios de comunicación: continuando con su papel de actores implicados, desde el oficialismo o la oposición, o retomando el camino de la información y la objetividad periodística.