
Fue casi como una jugada preparada. De esas que uno ve en los encuentros de las grandes ligas de fútbol americano, en donde faltando pocos segundos para el final, el entrenador se reúne con sus jugadores y, de nuevo en el campo, consiguen la anotación y vencen. O como esas movidas magistrales que en el ajedrez dejan en jaque al oponente. Exagerado o no, nadie podrá decir que haya sido fruto de la casualidad que el vicepresidente de nuestro país, Julio Cobos, fuere la portada de los dos matutinos de mayor tirada de la Argentina, justo el día en que más se leen los diarios, el domingo. Tampoco es rebuscado sostener que, más que unas buenas frases escogidas por los editorialistas de los diarios en cuestión, las declaraciones del vicepresidente obedecen a una renovada ofensiva política en vistas a las elecciones del año próximo. De qué otro modo, sino, deberían leerse las definiciones de Cobos, un cultor de la concordia, el consenso y las declaraciones medidas y cautas. Cómo comprender, entonces, que en medio de la semana más conflictiva desde el conflicto agrario entre el oficialismo y el vicepresidente –una suerte de oxímoron para cualquier desprevenido que no conozca la realidad argentina-, luego de la aprobación en el Senado del proyecto del ley que modifica el reparto de los fondos que recauda el impuesto al cheque, el mendocino haya sostenido que “nadie más se va a dejar intimidar por la Presidenta” y que “hay que ocuparse de la corrupción y la inflación” .
Las palabras de Cobos se dan en un contexto de máxima tensión entre el Vice y el kirchnerismo, teniendo en cuenta que, en cumplimiento de su rol de Presidente del Senado, logró la aprobación de una ley que era lesiva de los intereses del oficialismo, a través de una interpretación bastante amplia y controvertida de la letra constitucional. En efecto, desde el Gobierno y algunos círculos juristas, se sostiene que lay Ley debía aprobarse con una mayoría calificada de 37 votos y no con la mayoría simple, de 35 votos, con la que se terminó aprobando.
Asimismo, no es descabellado pensar que las declaraciones de Cobos se inscriben en el marco de la proliferación de numerosas encuestas de opinión e intención de voto, que lo sitúan bastante más abajo que sus competidores directos para 2011 e, incluso, casi a la par que otro contendiente dentro del frente radical, Ricardo Alfonsín.
Como era de prever, el efecto favorable del voto “no positivo” tendría un cote al cual Cobos ya ha llegado hace tiempo. A la par de ello, la situación ambigua y confusa de la que el vicepresidente es parte, siendo uno de los líderes de la oposición pero formando filas al mismo tiempo del Gobierno, ha generado una suerte de descreimiento por parte de vastos sectores de la sociedad que veían en el ex gobernador mendocino un alternativa viable al kirchnerismo. Finalmente, valga decir que la figura del Vice viene siendo flanco desde hace unos cuantos meses de una estrategia oficial que se circunscribe a atosigar y desgatar políticamente a Cobos, de manera tal que de un paso al costado por motus propio y sin incurrir en medidas que, lejos de perjudicarlo, no harían más que victimizarlo, aumentando así su popularidad.
Pero hay una pata no menos importante que su popularidad e incluso la estructura del radicalismo para llevarlo al poder en 2011: el rol de los multimedios de comunicación. No es una novedad plantear que Clarín y La Nación han tenido el poder, no solo de marcar la agenda política en la Argentina en los últimos años sino también de desestabilizar gobiernos e inventar candidatos. No es menos original decir que desde el momento mismo de la sanción de la Ley de Medios, los grupos concentrados económico-mediáticos vienen buscando un candidato más o menos potable que impida la aplicación de dicha ley una vez que llegue al poder el año próximo. La tapa de los dos matutinos del día domingo 18 de abril nos da una pista bastante consistente de cuál será el rumbo y las preferencias de estos de cara a las presidenciales del año próximo. Y es que, no es ilógico pensarlo, apartado Reutemann por decisión personal, salpicado Macri por las deficiencias en su gestión y los casos de espionaje en el Gobierno porteño, prácticamente desechados Carrió y Duhalde por sus altos índices de imagen negativa, como así también casi descartado De Narváez por incompatibilidad constitucional, los máximos lobbystas de Clarín y Nación ven en Cobos la única carta grande que pueda poner en vereda al kirchnerismo y dar por tierra la aplicación de la Ley de Medios. No correrán el riesgo, como ya lo hicieron en 2009, de apoyar un candidato que, como Pino Solanas, luego terminó apoyando al oficialismo en numerosas votaciones – y ser uno de los principales defensores de la Ley de Medios.
Así las cosas, la incógnita radica en saber cuan beneficioso o perjudicial será para Cobos mantenerse en un cargo que hasta ahora, no hace más que desgastar su imagen. Por lo demás, parece cantado que “el cuarto poder” ya tiene su as bajo la manga.
Clarín; 18/04/10
La Nación; 18/04/10
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