lunes, 1 de noviembre de 2010

No me dio la jubilación, no me dio laburo...pero también me duele


Kirchner supo ser Juguetes Perdidos en las cortinas de 6,7,8. Kirchner fue Racing, y con ello el amor y el sentimiento de todos los futboleros por sus respectivos clubes. Kirchner logró ser Diego, la Claudia y las nenas. Kirchner fue Hebe y Esthela, y con ello la causa de los 30000 desaparecidos. Kirchner fue Lula, Chávez, Evo, Correa y Lugo, y de allí el sueño de la Patria grande y la unidad latinoamericana. Kirchner logró configurar el arquetipo del dirigente políticamente incorrecto el que, frente a los paradigmas ideológicos dominantes, se le plantó a Bush junto a un cocalero y un milico de izquierda.

Más allá del líder, el estadista que muchos creen haber perdido, los más nos quedamos sin esas subjetividades que supimos construir en torno a Kirchner. Ese imaginario colectivo que, conciente o inconcientemente, se plasmó en la Plaza en las jornadas de la semana pasada. Con Kirchner, se nos fue un poquito de los Redondos, un amigo de Diego, de las Madres y Abuelas. Se fue un hincha del fútbol, un latinoamericanista que luchó por la integración continental.

La historia, en todo caso, será la encargada de juzgar al Presidente. El PUEBLO –con mayúsculas-, en definitiva, despidió al hombre, al militante.

martes, 12 de octubre de 2010

La jugada K detrás de la candidatura de Scioli


Lo que parecía un camino allanado hacia la postulación de Néstor Kirchner para las presidenciales del año próximo, quedó en stand by, luego de las declaraciones del ex mandatario durante un acto de apoyo al Gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta. Así quedó de manifiesto luego del discurso que el actual Unasur brindó ante miles de simpatizantes en el Boxing Club de Río Gallegos, luego de la decisión de la Corte Suprema de reponer en sus funciones al ex procurador de la Provincia, destituido en el año ‘95. Kirchner, acompañado de más de una docena de gobernadores y casi toda la primera plana del Gabinete presidencial, fustigó la decisión del máximo Tribunal y arremetió contra Clarín y TN. Sin embargo fueron sus palabras en torno a un definitivo cambio de domicilio a Santa Cruz “para pelear junto a ustedes” –en referencia a los santacruceños-lo que generó mayor revuelo, no solo dentro del círculo K, sino también al interior de la oposición.
El torbellino de especulaciones respecto del futuro político del matrimonio Kirchner no se hizo esperar, y abrió la puerta a una posible candidatura presidencial del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, Si bien no es de descartarse una hipotética postulación de Cristina Fernández para un segundo mandato al frente del Ejecutivo –e incluso no debe eliminarse la posibilidad de que el propio ex presidente lo haga-, las palabras de Kirchner pueden leerse como un guiño a la carrera presidencial del Gobernador luego de varias semanas de tensión. En este sentido vale recordar el desaire que el ex presidente le propinó al otrora motonauta, cuando en el fragor de un discurso proselitista lo instó a denunciar a “quien le tiene las manos atadas”, en relación a los hechos de inseguridad que azotan la Provincia y al escaso margen de maniobra que aducía Scioli para enfrentar el delito. Y de no menor impacto político, las fotografías que aparecieron en los principales diarios, en donde Scioli se mostraba con Macri y De Narváez.
La jugada de Kirchner puede también entenderse como un globo de ensayo, ante la eventualidad de que las encuestas den por tierra la viabilidad de su candidatura o la de la Presidenta. En efecto, y más allá de que los últimos sondeos hayan dado cuenta de un considerable repunte en la intención de voto e imagen positiva del matrimonio Kirchner, el ex presidente no es ajeno a una realidad inobjetable, en caso de llegar a segunda vuelta: ni el más entusiasta de los encuestadores K, Artemio López, le otorga un porcentaje que le permita hacerse con un nuevo mandato. A ello también se han referido operadores cercanos a la Casa Rosada, quienes sostienen que el peor contrincante para Kirchner en 2011 no es ni Macri, ni Alfonsín, ni Duhalde, sino su propio techo en las encuestas.
Y en ese escenario es el actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires quien, casi a pie juntillas, mejor responde a las necesidades del proyecto. Porque, más allá de los vaivenes en la relación, Scioli ha demostrado a lo largo de los siete años de gobierno kirchnerista una lealtad sin rodeos para con el matrimonio. Una lealtad acotada a sus necesidades políticas y presupuestarias, claro está, pero lealtad al fín. Baste recordar los caminos de hielo que debió transitar el ex motonauta en la Vicepresidencia de Kirchner, marginado casi al ostracismo, o la elección legislativa de 2009, en donde casi que debió rifar su capital político por secundar al entonces en debacle ex presidente. Y así y todo, se mantuvo como soldado de la causa.
Lo cierto es que Scioli, además, ha sabido ganarse una imagen de laboriosidad poco frecuente en la política. Y pese a los reiterados hechos de inseguridad que sacuden su distrito, desde la oposición se le achaca más su falta de autonomía respecto al matrimonio para tomar las riendas de la Provincia, que una hipotética ausencia de gestión.
Scioli, a diferencia de los Kirchner, es un cultor del diálogo, la concordia y los consensos. Ha tratado de diferenciarse o adoptar un bajo perfil en cada una de las batallas que el Gobierno ha entablado, ya sea contra el campo, contra Clarín o contra la Justicia. Quizás por ello desde la ortodoxia kirchnerista se lo acusa de falto de compromiso con el proyecto hasta de díscolo.
Claro está que este escenario no está exento de problemas para el armado K. Quienes ponen la ficha a la opción Scioli para las presidenciales de 2011, creen que el ex intendente de Morón y actual diputado nacional por Buenos Aires, Martín Sabbatella, se llevaría las de ganar en la carrera a la Gobernación. Aducen que, sumado al efecto arrastre que genere Scioli, una opción de centroizquierda con capacidad de gestión comprobada -como la del ex moronense- sería el antídoto perfecto para restarle votos a cualquier armado panradical que ose representar una opción progresista.
Los ostensibles heridos de este escenario serían el intendente de Tigre, Sergio Massa, y el platense Pablo Bruera, con claras pretensiones a la gobernación y de coqueteos recientes con el peronismo federal. Lo cual podría suponer un potencial reordenamiento de fuerzas al interior del PJ provincial en el caso de queden fuera de la pelea. Todo ello, sin considerar las aspiraciones políticas y los posibles alineamientos del líder de la CGT, Hugo Moyano, en la Provincia de Buenos Aires.
De cualquier forma, lo que asoma a todas luces es que el candidato del Frente para la Victoria surgirá no del consenso ni del deseo de las bases, sino de quien mida mejor al momento de proclamar al elegido. Lo cual no significa que deberán ser sopesados en la ecuación electoral de los Kirchner los reajustes y equilibrios que se den al interior del PJ bonaerense, con especial énfasis en el rol de los llamados “barones del conurbano”. Desde hace algunos meses se viene especulando, en este sentido, con la posibilidad de desdoblar las elecciones para no atar la suerte electoral del municipio a la del candidato presidencial en cuestión. De ello, quizás dependa la suerte de Néstor, Cristina o Daniel para alzarse en octubre de 2011.

jueves, 7 de octubre de 2010

Qué te pasha 6,7,8...


Hablar de 6, 7, 8, el programa diario que emite la Tv pública en el prime time de la tele es, desde hace rato, una cuestión incómoda. Sobre todo para los tipos como yo. Progre, clase media, gustoso de varias de de las últimas políticas del Gobierno aunque caliente con muchas otras. “Te ponen en un lugar de mierda como televidente”; fue la definición más sensata y objetiva que escuché sobre el programa, más allá de las pasiones que pueda despertar en sus defensores y detractores. Y la lógica, en rigor de verdad, no termina siendo en nada distinta a la que propone el Gobierno en sus relaciones con los demás actores de la sociedad. Sí; el Gobierno, como 6, 7, 8 te ponen en un lugar de mierda. Como espectador el uno, como ciudadano el otro. Porque para ellos, en una suerte de revival pedorro de lucha de clases, estás con el monopolio o contra él; estás del lado de la justicia social y de la redistribución o con la oligarquía sojera de la Mesa de enlace; si criticás las formas de Hebe sos un facho que le hace el juego a los milicos; si planteás diferencias con el “modelo” o el “proyecto”, no sos más que un gorila alineado con las corporaciones y le hacés el caldo gordo a la derecha. Porque ese, según ellos, es el escenario para el 2011 en la Argentina. Nada podrá haber a la izquierda de Néstor o Cristina –salvo, claro está, las expresiones minoritarias del trotskismo y la izquierda más combativa-, toda opción será por derecha. Así que si estás a la izquierda del centro, ni te lo tengo que explicar, no? …
No sé si estoy tan de acuerdo con el diagnóstico precedente. Casi me convenzo, pero por fortuna me avivé. Me di cuenta que a Diego Gvirtz se le había perdido el material de archivo de los años ’90, cuando Néstor bendecía la venta de YPF, Pichetto defendía las privatizaciones y todos andaban chochos, sacándose fotos con el innombrable. Me di cuenta también que hace unos años, y no más de tres, las tapas de Clarín daban cuenta de un país que se asemejaba a los estándares de vida de los del Báltico y veían en Cristina la continuidad del mismo modelo que años atrás había licuado el pasivo del hasta entonces “gran diario argentino”.
De todas formas, el conflicto del campo y las medidas progresistas que el Gobierno impulsó durante el último año –sumado a los papelones de la oposición- supusieron no solo un apaciguamiento de las clases medias urbanas, sino también que muchos de los antes acérrimos opositores le “jugaran una fichita” a la profundización del modelo. Después de todo, no era tan descabellada la teoría evolutiva del pensamiento “K” y aquella otra que sostenía la llegada de la derecha ante una derrota oficialista en 2011. Así que muchos empezamos a ver 6,7,8. Hasta entonces un pasquín oficialista, el programa fue virando desde un Magazine que mostraba una realidad ocultada por los grandes medios, a el “David mediático” que luchaba contra el Golliat monopólico. Y muchos, como era de esperar, se pusieron del lado de David. Y ponerse del lado del David implicaba, al fin y al cabo, coquetear con el Gobierno. Y más cuando los amigos de David eran tipos de la cultura, del campo popular, de esos que siempre fueron caros a nuestro afecto y admiración. Y los amigos de Golliat, obviamente, flor de turros, poderosos o buchones que nunca nos terminaron de cerrar.
Se fue conformando así un fetiche mediático en torno a 6,7,8 que no solo obviaba los baches de Gvirtz en cuanto a archivo, sino que también empezaba a crear un aura de sospecha en cuanto a lo poco que quedaba de periodismo independiente. Y así se sucedieron los Tenembaun, los Caparrós, los Lanata. Que pasaron, bajo esta lógica antinómica, a ser también empleados del “Grupo”.
Pero bueno, de tanto vivir en Suiza me dieron ganas de volverme a la Argentina… Y aunque tenga “buena onda” y mueva los hombros cuando ponen la canción de los Pimpinella, no todo son buenas noticias. Y si bien banco a muerte la Ley de Medios no me va que Papel Prensa, Magnetto y Ernestina terminen siendo más importantes que una docena de temas que realmente aquejan al pueblo. No me cierra que Pino se haya vuelto gorila ni que Moyano sea un compañero del campo popular. Porque nunca fue ni será de esa manera. No creo que Lanata esté harto de que se hable de la dictadura ni que al Gobierno le haga bien que todo esté bien, como algunas veces se intenta pintar. No creo que los miembros de la Corte Suprema, fogoneados hace un lustro por el matrimonio Kirchner, se hayan vendido por un sobre, más allá de las diferencias que se puedan tener.
Creo que la única forma de profundizar un cambio en un sentido verdaderamente progresista, más que confrontar con los supuestos portavoces de intereses concentrados, es enfrentarse directamente con ellos. Con Clarín, pero también con la Barrick. Con retenciones al campo, pero también al juego, a la pesca y a las mineras. Y en esa dirección debería enfocarse el trabajo periodístico de quienes hoy solo son una suerte de yddish mamele del Gobierno.
Creo, como lo he enunciado a lo largo del artículo, que es incómodo hablar 6,7,8. Hoy, lo es aún más verlo.

martes, 5 de octubre de 2010

Caso Apablaza: el por qué detrás de la negativa a extraditarlo


Quizás haya sido el capítulo final de una hipotética resolución bilateral, pero de ninguna manera el epílogo del conflicto. O por lo menos esa fue la sensación generalizada de uno y otro lado de la Coordillera, luego de que el Juez Federal Claudio Bonadío diera por finalizado el proceso de extradición del ex guerrillero chileno Sergio Galvarino Apablaza Guerra.
Tras varios días de tensión entre La Moneda y Casa Rosada se le dio fin a la situación judicial de Apablaza, luego de que el Ejecutivo argentino decidiera a través de la Comisión Nacional para los Refugiados otorgarle asilo político. De pasado comunista, Apablaza está acusado en su país de participar en el asesinato del ex Senador pinochetista Jaime Guzmán y en el secuestro del empresario de los medios Cristian Edwards, ambos en el año 1991 –cuando Chile ya había recuperado la democracia.
Las reacciones en el país trasandino no se hicieron esperar, a través de la citación formal al embajador argentino en Santiago, Ginés González García, y las especulaciones en torno a la posibilidad de presentarse ante la OEA y la CIDH para hacer valer su derecho de juzgar al acusado.
Si bien el Jefe de Gabinete argentino, Aníbal Fernández, intentó bajarle el tono al conflicto, aduciendo que la decisión de conceder el refugio político al ex guerrillero chileno constituía "un acto pacífico y humanitario", desde Chile el Presidente Piñera sentenció que la decisión argentina significaba “un retroceso para la causa de la justicia y de los derechos humanos en mi país”. Más polémicas aún fueron las declaraciones del Senador de la UDI, Andrés Chadwick, quien sostuvo que no se extraditaba a Apablaza “por un tema electoral, por miedo a Hebe de Bonafini y porque las organizaciones de izquierda no los voten el año que viene”.
El conflicto cobró mayor dimensión, luego de que el Ejecutivo argentino desconociera el fallo de la Corte Suprema, que daba luz verde a la extradición de Apablaza luego de más de 8 años de reclamo chileno.
Por un lado, debe manifestarse la inconsistencia argumentativa de aquellos que, una década atrás, se manifestaban en contra del derecho internacional, cuando el Juez español Baltazar Garzón requería la extradición del ex dictador Pinochet. En este sentido deben inscribirse las declaraciones del ex vocero del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Vailly Carrilo, quien sostuvo que "me gustaría citar a un Jovino Novoa, a un Hernán Larraín, a un Pablo Longueira –en relación a los senadores que con mayor énfasis reclaman la extradición-, a todos estos personajes que cuestionaban la ley internacional cuando se quería juzgar a Pinochet”
Asimismo, es dable señalar que la determinación argentina se enmarca en la Ley General de Reconocimiento y Protección al Refugiado, que establece que “ningún refugiado podrá ser expulsado, devuelto o extraditado a otro Estado cuando haya razones fundadas para creer que estaría en peligro su derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Según la tesitura argentina, este sería el status de Apablaza en caso de repatriación.
Sin embargo, más allá de las especifidades legales que puedan avalar la medida -en términos del derecho internacional y las garantías del debido proceso para Apablaza en Chile-, lo que subyace en la decisión del Ejecutivo argentino, es la necesidad de evitar una discusión que podría traerle más de un dolor de cabeza al matrimonio Kirchner. En efecto, la cruzada por el juicio y castigo a los autores intelectuales y materiales de los crímenes de la dictadura en los 70, en el marco de una aplaudida política de derechos humanos, se contrapone a una visión que hace caso omiso de las responsabilidades penales de aquellos que, pertenecientes a organizaciones político-militares, perpetraron asesinatos y secuestros con anterioridad a marzo de 1976. De más está decir que muchos de los funcionarios del Ejecutivo argentino, conformaron en los ‘70 la estirpe revolucionaria y combativa de Organizaciones tales como Montoneros, FAP y FAR.
De modo tal que la repatriación de Apablaza para ser juzgado en su país abriría camino a un proceso de discusión en la Argentina por demás tabú para quienes hoy conducen los hilos del poder. Sobre todo, teniendo en cuenta que desde algunos medios de comunicación se intenta poner en el tapete, desde hace algún tiempo, la participación de las mencionadas organizaciones político-militares en sangrientas operaciones como la muerte del ex líder de la CGT, José Ignacio Rucci, o la llamada “Operación Primicia”, la toma de un cuartel formoseño que culminó con numerosas bajas en el bando militar. Ni que hablar de la enconada disputa en torno a Papel Prensa, que ha hecho de la violación a los derechos humanos por parte del grupo Clarín un caballo de batalla del Gobierno.
Así las cosas, la única realidad inexpugnable es que el caso Apablaza no será pasajero en la relación bilateral con Chile y, en tal sentido, se deberá ser conciente del costo político que implique la decisión.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ecuador: un llamado a la unidad de los pueblos


En el ataque mas virulento a la democracia que se haya visto en nuestro continente, desde los hechos que culminaron en el Golpe de Estado en Honduras, en junio de 2009, culminó en la noche de ayer la rebelión policial que puso en jaque la institucionalidad democrática ecuatoriana. Con un variopinto de imágenes que rememoraron la serie televisiva 24 -en donde un agente norteamericano debía salvar la vida del candidato a presidente de su país-, un grupo de militares leales al Ejecutivo logró tomar por asalto el hospital en donde se encontraba internado/secuestrado -por policías sublevados- el presidente Rafael Correa, poniéndole fin a más de doce horas de máxima tensión. A los pocos minutos el líder ecuatoriano logró acceder al Palacio Carondelet, desde donde transmitió tranquilidad a sus seguidores y denunció al ex mandatario Lino Gutiérrez como el responsable político de la intentona golpista. En este sentido, afirmó que “no se trató de una legítima reclamación salarial, sino de un claro intento de conspiración”, al tiempo que afirmó que “no habrá ni olvido ni perdón para los responsables de los actos”.
Paralelamente a ello los mandatarios de la Unasur, reunidos en asamblea extraordinaria en la madrugada de ayer, respaldaron de manera unánime al Presidente Correa y definieron enviar a sus respectivos cancilleres a Quito a prestar total apoyo y colaboración. Esto puede leerse como un claro espaldarazo político a Correa, que intenta dejar atrás el fracaso de la diplomacia latinoamericana en el golpe de Honduras.
El conflicto se había iniciado en la mañana de ayer, luego de que un puñado de uniformados tomara el Regimiento de Guayaquil y se sublevara en Quito, en reclamo por la sanción de una ley que ajustaba los presupuestos públicos y afectaba –en teoría- de manera directa las remuneraciones del personal policial. Hora tras hora se fueron sucediendo los reportes que daban cuenta de numerosos casos de saqueos y vandalismo en varias ciudades. Al mismo tiempo el Presidente Correa, refugiado en un hospital producto de una herida causada en la gresca con los uniformados rebeldes, desmentía los supuestos recortes al personal sublevado y denunciaba una operación destituyente por parte de aquellos que “no nos han podido ganar por el voto en las urnas”.
Según algunos analistas –la mayoría de los cuales ha desfilado por la señal norteamericana CNN- la “sublevación” se produce en momentos en que el presidente Correa consideraba disolver el Congreso ante el estancamiento que existe en la aprobación de varias leyes de reducción de gastos estatales. “Correa estaría considerando la disolución, lo que le permitiría legislar por decreto y convocar elecciones anticipadas”, sostuvo uno de ellos en pleno devenir del conflicto. Lo cierto es que, más allá de la justeza o no del reclamo gremial, sorprende como un cuerpo burocrático, jerárquico y verticalista como es la policía, se subleve de manera espontánea, como han querido hacer ver algunas cadenas noticiosas. Más sorprendente aún, ha sido la ausencia de cauces de diálogo o medidas de fuerza de menor escala que iniciaren una vía de negociación entre el Ejecutivo y los supuestos afectados por la cuestionada Ley. Las declaraciones de importantes figuras de la oposición por la mencionada señal americana –incluido el mencionado Gutiérrez-, responsabilizando a Correa de la situación y atisbando la necesidad de convocar a elecciones anticipadas, no hacen más que reforzar la hipótesis golpista.
Todavía frescas las postales de Junio de 2009, con el Golpe al presidente Zelaya en Honduras, y los conatos golpistas en Bolivia, en septiembre de 2008 y Venezuela en 2002, los hechos acaecidos en Ecuador deben constituir un llamamiento a la ciudadanía toda a respetar y defender la cultura y las instituciones democráticas. Claro está que los procesos de transformación económico-social que hace ya casi una década se esparcen por el Cono Sur, no son bienvenidos por las corporaciones que ven mermar sus intereses y prebendas, como declaró el titular de la Unasur, Néstor Kirchner. Lo que está menos claro, y ahí deberá radicar el foco y la militancia de los defensores de la democracia, es que aquellos intereses espurios ya no golpean cuarteles como en los ’70. CNN, O Globo, Globovisión y Clarín, entre otros, son los nuevos Generales de la embestida contra el avance de los pueblos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Elecciones en Brasil: el legado de Lula


Alguna vez Bersuit Vergarabat se refirió al “Che” Guevara como un muerto que no paraba de nacer, una cara que estaba en todas las remeras. Fetiche o no de la humanidad, los muertos han sido a lo largo de la historia objeto de veneración por lo realizado en vida. La música, el deporte, la política y cualquiera de las disciplinas que analicemos cuentan en sus filas con innumerables ejemplos de estos seres que parecieran adquirir cualidades sobrenaturales después de muertos, difíciles de mensurar y mucho menos de equiparar en el mundo terrenal. La política es quizás el terreno más propicio para este tipo de culto postmortem, que las sociedades les brindan a sus figuras o líderes una vez que han partido hacia el otro mundo. Es por ello que analizar el caso de Luiz Inacio Lula da Silva, próximo a finalizar su segundo mandato al frente de la República Federativa del Brasil, se transforma en un trastorno para cualquiera que desee aplicar la regla anteriormente mencionada. Primero y principal porque, lejos de estar muerto, Lula se encuentra en el cénit de su carrera política, dejando la primera magistratura del gigante sudamericano con índices de popularidad cercanos al 80%. Times, Le Monde y El País son solo algunos de los periódicos y revistas que a lo largo del último año lo han catapultado como la figura del año, el político más influyente y otros tantos rótulos extravagantes. El mismísimo presidente de los Estados Unidos lo definió, hace no más de un año, como el político más popular de la tierra.
En segundo lugar, al vislumbrar que, contra la lógica general de la política y las campañas electorales, Lula ha logrado generar un consenso tal en cuanto a sus políticas de Gobierno, que ni el más acérrimo opositor se ha atrevido ha enunciar la palabra “cambio” como uno de los ejes rectores de su programa de gobierno. A ello tal vez se refieran quienes han despotricado contra la banalidad y lo aburrido de la campaña, totalmente desideologizada y centrada principalmente en la biografía de los candidatos.
Tercero, ha logrado en cuestión de meses que una perfecta desconocida como Dilma Rousseff, una técnica de pasado trotskysta y guerrillero pero de reciente filiación al PT, sea aceptada en el seno de la organización como candidata presidencial y aventaje al rival más próximo por más de 20 puntos. Tres datos no menores a la hora de empezar a entender la veneración en vida de Lula, sobre todo por la clase política global. Si a ello se le agrega que en plena campaña se estrena una película llamada “Lula, el hijo de Brasil”, algún desprevenido podrá pensar con total justeza que estamos frente a un Estado despótico de Oriente Próximo, y no hablando del vecino país.
Contra lo que se podría esperar, Lula no es abogado. Tampoco es médico. No ha realizado ningún posgrado en prestigiosas universidades anglosajonas, como sí lo ha hecho, en general, la mayoría de la élite política brasilera. De hecho Lula nunca fue a la Universidad. “Eu, que durante tantas vezes fui acusado de não ter um diploma superior, ganho o meu primeiro diploma, o diploma de presidente da República do meu país, dijo entre llantos cuando asumió la Presidencia. En rigor de verdad, el curriculum vitae de este pernambucano de nacimiento, de 65 años de edad, dice que es tornero. Sí, un “simple” operario fabril; curtido al calor de las luchas sindicales contra la dictadura militar, y que en los años ‘80 logró articular al sindicalismo espontáneo paulista, un puñado de intelectuales y organizaciones sociales y políticas de la izquierda para fundar el partido que desde hace 8 años, y casi con seguridad por cuatro más, conduce los destinos de casi doscientos millones de brasileros.
Cuando a diestra y siniestra se le endilga a Lula que sus dos mandatos no han hecho más que reajustar algunas piezas del modelo económico implementado años antes por Fernando Henrique Cardozo, no hay más que rendirse ante la evidencia. Quizás por ello gran parte de la burguesía paulista no ha puesto mayores reparos en la continuidad del PT al frente del Ejecutivo. Y, de hecho, basta señalar que los miles de millones de dólares que Brasil adeudaba a los organismos multilaterales de crédito, fueron financiados por acreedores nacionales a través de la compra de títulos de la deuda brasilera, a tasas exorbitantes.
Cuando se acusa al partido gobernante de corrupto, fundamentalmente desde el centroderechista PSDB y el poderoso lobby mediático, no pueden obviarse los escándalos que han salpicado al primer gabinete de Lula en lo sucesos conocidos como “Mensalao”-pago mensual de sobornos a parlamentarios-, que amenazaron con llevarse puesto al propio presidente y, más recientemente, los que derivaron en la renuncia de su sucesora de Dilma en el Gabinete Civil por una acusación de tráfico de influencias.
Acaso los que acusan con tal determinación son los mismos que obvian decir que en casi ocho años de gobierno Lula logró que veinte millones de compatriotas salieran de la pobreza. Que a través del programa Fome Zero –hambre cero- la malnutrición descendiera un 46 %, e incluso a cifras cercanas al 74% en el nordeste pobre e históricamente desplazado. Quizás obvien decir que los ingresos del 10% más pobre han crecido en ocho años casi 6 veces más que el 10 % más rico (8% anual contra 1,5%). O tal vez no hayan caído en la cuenta de que, a lo largo de los dos períodos petistas, las clases medias inferiores –cuyos salarios oscilan entre los 550 y los 2400 dólares- hayan pasado del 37% a más de la mitad de la población total. Claro, ello sin contar que la escolarización promedio pasó de 6,1 a 8,3 años en poco más de 10 años y que el programa ProUni brinda apoyo a los estudiantes pobres para asistir a la Universidad. Ni qué decir de la creación de 14 millones de nuevos puestos de trabajo y el aumento del salario real de los trabajadores en más de un 50% en 8 años.
Algunos dicen que Lula tiene suerte. Que, lejos de ser un estadista, ha caído en gracia en el período de mayor crecimiento económico de la historia brasilera y hasta le llueven campos de petróleo. No parecieran justificar esos dichos el posicionamiento que Brasil ha adquirido en el mundo a lo largo de la gestión Lula, con un alto perfil en materia diplomática que lo ha llevado a ocupar un rol preponderante no solo en los más importantes foros económicos y políticos que se realizan anualmente, sino a inmiscuirse como país mediador en asuntos que antes eran materia exclusiva de las grandes potencias –conflicto Palestino-Israelí, Irán, etc.
Con los más y con los menos, con los grandes temas que han quedado pendientes, es indudable que la elección del próximo domingo constituirá la ratificación y el apoyo de un pueblo a un líder que ha sabido ganarse el respeto y la gratitud en vida. No por hacer de su país la octava economía del mundo, por haber logrado la realización de los próximos dos eventos deportivos más importantes del planeta, o por posicionar a Brasil en el nuevo mapa político mundial. Ni siquiera, por haber equilibrado las principales variables macroeconómicas y sociales. Será, sin duda alguna, la ratificación de un proyecto político que dignificó la calidad de vida de millones de brasileros, haciendo de aquél país un lugar un poco más próspero y justo, en donde la esperanza y la expectativa de un futuro mejor estén a la orden del día.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La victoria ¿pírrica? de Chávez


Ganó Chávez. Perdió Chávez. Dime a quién lees y te diré el resultado. En unos comicios históricos marcados por una activa participación cívica que trepó a las dos terceras partes de los venezolanos en condiciones de votar, el caudillo caribeño se impuso en 17 de los 24 estados del país, logrando así colocar 95 de las 165 diputaciones en juego. En una elección de tintes fuertemente plebiscitarios –como todas lo han sido a lo largo de la era Chávez-, marcada por una aguda polarización y por la vuelta al juego electoral de la oposición, el mandatario venezolano logró, pese a no haberse alzado cuantitativamente en términos de votos obtenidos, casi duplicar el número de representantes a la Asamblea General, merced a una controvertida ley electoral que sobrerepresenta a los estados más pequeños en detrimento de los más densamente poblados, justo allí donde Chávez carece de elevados índices de popularidad.
A pesar de numerosos análisis que han hecho hincapié en lo pírrico de la victoria del PSUV, teniendo en cuenta que, más allá de la mayoría obtenida, el oficialismo no podrá gobernar de aquí en más de manera antojadiza, como sí lo había hecho en los últimos años producto de la política abstencionista de la oposición en las parlamentarias de 2005, el resultado electoral da cuenta de un apoyo, cuanto menos a la figura de Chávez, que oscila en torno al 50% del electorado. Con lo cual deben ser mesuradas aquellas interpretaciones que vislumbran en la pérdida de la mayoría calificada del partido gobernante, y en la imposibilidad de gobernar por medio de las llamadas “leyes habilitantes” –decretos, en rigor de verdad-, un camino en pendiente descendente de cara a los comicios presidenciales de 2012 para el líder socialista.
Debe manifestarse, en sintonía con lo anteriormente expuesto, que pese a las alarmantes cifras inflacionarias y los informes que dan cuenta de los constantes hechos de inseguridad -y ubican a Venezuela al nivel de Afganistán o Guinea Ecuatorial-, la unión de más de treinta partidos y organizaciones políticas opositores al régimen, bajo el nombre de Mesa de Unidad Democrática, no ha logrado articular una propuesta de gobierno superadora, plausible de ser aceptada por ese amplio espectro de venezolanos que siguen apostando a la figura del comandante socialista. Qué decir, por su parte, del mismísimo Hugo Chávez Frías quien, luego de once años consecutivos de gobierno, con intentos de golpe de Estado en su contra, lobbies internos y externos que auspician su inminente caída, una estirpe revolucionaria que no ha hecho más que agudizar las tensiones de clase al interior de la sociedad y el desgaste propio de más de una década en el poder, no solo se impone por onceava vez sobre doce procesos electorales desde su estadía en el ejecutivo, sino que se erige como el principal aspirante al Palacio de Miraflores para las presidenciales de 2012.
Así las cosas, los casi festivos informes presentados desde la CNN en el día de ayer en torno al final de la hegemonía chavista, deberán ser tamizados a la luz de las potencialidades reales del incógnito devenir de la Mesa de Unidad Democrática y de la posible relegitimación de Chávez en sectores ahora esquivos. Al fin y al cabo, el llamado Socialismo del siglo XXI en Venezuela, solo debería enfocarse en cosechar, a lo largo de los dos años que nos separan de las presidenciales, los algo más de dos puntos porcentuales que lo distancian de lo que estipula la Constitución Bolivariana para hacerse con un nuevo mandato presidencial.