
Hablar de 6, 7, 8, el programa diario que emite la Tv pública en el prime time de la tele es, desde hace rato, una cuestión incómoda. Sobre todo para los tipos como yo. Progre, clase media, gustoso de varias de de las últimas políticas del Gobierno aunque caliente con muchas otras. “Te ponen en un lugar de mierda como televidente”; fue la definición más sensata y objetiva que escuché sobre el programa, más allá de las pasiones que pueda despertar en sus defensores y detractores. Y la lógica, en rigor de verdad, no termina siendo en nada distinta a la que propone el Gobierno en sus relaciones con los demás actores de la sociedad. Sí; el Gobierno, como 6, 7, 8 te ponen en un lugar de mierda. Como espectador el uno, como ciudadano el otro. Porque para ellos, en una suerte de revival pedorro de lucha de clases, estás con el monopolio o contra él; estás del lado de la justicia social y de la redistribución o con la oligarquía sojera de la Mesa de enlace; si criticás las formas de Hebe sos un facho que le hace el juego a los milicos; si planteás diferencias con el “modelo” o el “proyecto”, no sos más que un gorila alineado con las corporaciones y le hacés el caldo gordo a la derecha. Porque ese, según ellos, es el escenario para el 2011 en la Argentina. Nada podrá haber a la izquierda de Néstor o Cristina –salvo, claro está, las expresiones minoritarias del trotskismo y la izquierda más combativa-, toda opción será por derecha. Así que si estás a la izquierda del centro, ni te lo tengo que explicar, no? …
No sé si estoy tan de acuerdo con el diagnóstico precedente. Casi me convenzo, pero por fortuna me avivé. Me di cuenta que a Diego Gvirtz se le había perdido el material de archivo de los años ’90, cuando Néstor bendecía la venta de YPF, Pichetto defendía las privatizaciones y todos andaban chochos, sacándose fotos con el innombrable. Me di cuenta también que hace unos años, y no más de tres, las tapas de Clarín daban cuenta de un país que se asemejaba a los estándares de vida de los del Báltico y veían en Cristina la continuidad del mismo modelo que años atrás había licuado el pasivo del hasta entonces “gran diario argentino”.
De todas formas, el conflicto del campo y las medidas progresistas que el Gobierno impulsó durante el último año –sumado a los papelones de la oposición- supusieron no solo un apaciguamiento de las clases medias urbanas, sino también que muchos de los antes acérrimos opositores le “jugaran una fichita” a la profundización del modelo. Después de todo, no era tan descabellada la teoría evolutiva del pensamiento “K” y aquella otra que sostenía la llegada de la derecha ante una derrota oficialista en 2011. Así que muchos empezamos a ver 6,7,8. Hasta entonces un pasquín oficialista, el programa fue virando desde un Magazine que mostraba una realidad ocultada por los grandes medios, a el “David mediático” que luchaba contra el Golliat monopólico. Y muchos, como era de esperar, se pusieron del lado de David. Y ponerse del lado del David implicaba, al fin y al cabo, coquetear con el Gobierno. Y más cuando los amigos de David eran tipos de la cultura, del campo popular, de esos que siempre fueron caros a nuestro afecto y admiración. Y los amigos de Golliat, obviamente, flor de turros, poderosos o buchones que nunca nos terminaron de cerrar.
Se fue conformando así un fetiche mediático en torno a 6,7,8 que no solo obviaba los baches de Gvirtz en cuanto a archivo, sino que también empezaba a crear un aura de sospecha en cuanto a lo poco que quedaba de periodismo independiente. Y así se sucedieron los Tenembaun, los Caparrós, los Lanata. Que pasaron, bajo esta lógica antinómica, a ser también empleados del “Grupo”.
Pero bueno, de tanto vivir en Suiza me dieron ganas de volverme a la Argentina… Y aunque tenga “buena onda” y mueva los hombros cuando ponen la canción de los Pimpinella, no todo son buenas noticias. Y si bien banco a muerte la Ley de Medios no me va que Papel Prensa, Magnetto y Ernestina terminen siendo más importantes que una docena de temas que realmente aquejan al pueblo. No me cierra que Pino se haya vuelto gorila ni que Moyano sea un compañero del campo popular. Porque nunca fue ni será de esa manera. No creo que Lanata esté harto de que se hable de la dictadura ni que al Gobierno le haga bien que todo esté bien, como algunas veces se intenta pintar. No creo que los miembros de la Corte Suprema, fogoneados hace un lustro por el matrimonio Kirchner, se hayan vendido por un sobre, más allá de las diferencias que se puedan tener.
Creo que la única forma de profundizar un cambio en un sentido verdaderamente progresista, más que confrontar con los supuestos portavoces de intereses concentrados, es enfrentarse directamente con ellos. Con Clarín, pero también con la Barrick. Con retenciones al campo, pero también al juego, a la pesca y a las mineras. Y en esa dirección debería enfocarse el trabajo periodístico de quienes hoy solo son una suerte de yddish mamele del Gobierno.
Creo, como lo he enunciado a lo largo del artículo, que es incómodo hablar 6,7,8. Hoy, lo es aún más verlo.
Tambien habria que mencionar que por ejemplo Barone se enorgullecia de ser Menemista en los tiempos del 1 a 1.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo en muchas cosas de 6,7,8 pero no con la gente q lo hace. por otro lado, la deuda de clarin como la de toda la UIA (con De Mendiguren fogonoeando para que asi sea) fue Duhalde.
Ese programa lo ves el domingo y te alcanza por que repiten siempre lo mismo. Igual hacen cosas buenas, y otras asquerosas por su obviedad.
ResponderEliminarPara romper con la antinomia planteada, no hay que dejarse ubicar en ningún lugar, y defender cada uno de las posiciones que uno asume ante cada hecho.
Pero si uno lo piensa son varios los que le hacen el juego al gobierno cuando plantea estos extremos, el mismo Solanas acercándose a cada uno con tal de enfrentar a los K, que hace que toda su credibilidad e ideología este en duda.