
En el ataque mas virulento a la democracia que se haya visto en nuestro continente, desde los hechos que culminaron en el Golpe de Estado en Honduras, en junio de 2009, culminó en la noche de ayer la rebelión policial que puso en jaque la institucionalidad democrática ecuatoriana. Con un variopinto de imágenes que rememoraron la serie televisiva 24 -en donde un agente norteamericano debía salvar la vida del candidato a presidente de su país-, un grupo de militares leales al Ejecutivo logró tomar por asalto el hospital en donde se encontraba internado/secuestrado -por policías sublevados- el presidente Rafael Correa, poniéndole fin a más de doce horas de máxima tensión. A los pocos minutos el líder ecuatoriano logró acceder al Palacio Carondelet, desde donde transmitió tranquilidad a sus seguidores y denunció al ex mandatario Lino Gutiérrez como el responsable político de la intentona golpista. En este sentido, afirmó que “no se trató de una legítima reclamación salarial, sino de un claro intento de conspiración”, al tiempo que afirmó que “no habrá ni olvido ni perdón para los responsables de los actos”.
Paralelamente a ello los mandatarios de la Unasur, reunidos en asamblea extraordinaria en la madrugada de ayer, respaldaron de manera unánime al Presidente Correa y definieron enviar a sus respectivos cancilleres a Quito a prestar total apoyo y colaboración. Esto puede leerse como un claro espaldarazo político a Correa, que intenta dejar atrás el fracaso de la diplomacia latinoamericana en el golpe de Honduras.
El conflicto se había iniciado en la mañana de ayer, luego de que un puñado de uniformados tomara el Regimiento de Guayaquil y se sublevara en Quito, en reclamo por la sanción de una ley que ajustaba los presupuestos públicos y afectaba –en teoría- de manera directa las remuneraciones del personal policial. Hora tras hora se fueron sucediendo los reportes que daban cuenta de numerosos casos de saqueos y vandalismo en varias ciudades. Al mismo tiempo el Presidente Correa, refugiado en un hospital producto de una herida causada en la gresca con los uniformados rebeldes, desmentía los supuestos recortes al personal sublevado y denunciaba una operación destituyente por parte de aquellos que “no nos han podido ganar por el voto en las urnas”.
Según algunos analistas –la mayoría de los cuales ha desfilado por la señal norteamericana CNN- la “sublevación” se produce en momentos en que el presidente Correa consideraba disolver el Congreso ante el estancamiento que existe en la aprobación de varias leyes de reducción de gastos estatales. “Correa estaría considerando la disolución, lo que le permitiría legislar por decreto y convocar elecciones anticipadas”, sostuvo uno de ellos en pleno devenir del conflicto. Lo cierto es que, más allá de la justeza o no del reclamo gremial, sorprende como un cuerpo burocrático, jerárquico y verticalista como es la policía, se subleve de manera espontánea, como han querido hacer ver algunas cadenas noticiosas. Más sorprendente aún, ha sido la ausencia de cauces de diálogo o medidas de fuerza de menor escala que iniciaren una vía de negociación entre el Ejecutivo y los supuestos afectados por la cuestionada Ley. Las declaraciones de importantes figuras de la oposición por la mencionada señal americana –incluido el mencionado Gutiérrez-, responsabilizando a Correa de la situación y atisbando la necesidad de convocar a elecciones anticipadas, no hacen más que reforzar la hipótesis golpista.
Todavía frescas las postales de Junio de 2009, con el Golpe al presidente Zelaya en Honduras, y los conatos golpistas en Bolivia, en septiembre de 2008 y Venezuela en 2002, los hechos acaecidos en Ecuador deben constituir un llamamiento a la ciudadanía toda a respetar y defender la cultura y las instituciones democráticas. Claro está que los procesos de transformación económico-social que hace ya casi una década se esparcen por el Cono Sur, no son bienvenidos por las corporaciones que ven mermar sus intereses y prebendas, como declaró el titular de la Unasur, Néstor Kirchner. Lo que está menos claro, y ahí deberá radicar el foco y la militancia de los defensores de la democracia, es que aquellos intereses espurios ya no golpean cuarteles como en los ’70. CNN, O Globo, Globovisión y Clarín, entre otros, son los nuevos Generales de la embestida contra el avance de los pueblos.
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